Ayer se presentó en El Caldito mi libro Recuerdos de la era analógica. Fue una charla muy entretenida, con preguntas muy interesantes y con la maestría habitual de Juanjo de la Iglesia en este tipo de actos.
Ana Aranda grabó el acto con pulso firme, sin trípode y, gracias a ella, se conservan algunos momentos divertidos o interesantes.
Después de revisar cuidadosamente el índice, he visto que no aparece Juanjo mencionado. Pero sí se le menciona sin nombrarlo en el relato El último siglo mortal, cuando se dice:
Se conserva un texto, supuestamente escrito en 1999, pero que se halla en soporte digital, en el que tres personas discuten en un café el siguiente problema: “¿Para qué serviría la religión si los hombres fueran inmortales?”. Uno de ellos dice: “Bueno, si los hombres no pudieran morir, entonces la religión, en vez de la inmortalidad, prometería la mortalidad”.
Juanjo era una de esas tres personas, probablemente la que dijo la frase final. La conversación tuvo lugar en un café cercano a la Plaza de Castilla de Madrid. No estoy seguro de quién era la tercera persona.
En cuanto a la anécdota del escritor que citaba a sus amigos en sus libros, no la he encontrado hojeando la maravillosa biografía que Ramón escribió de Valle Inclán. Por cierto, Ramón, es decir Ramón Gómez de la Serna, es uno de los pocos escritores posteriores a la Edad Media que consiguió ser citado por su nombre en vez de por su apellido.
He buscado también en otro estupendo libro de Ramón, el Prólogo a la obra de Silverio Lanza, que parece un libro de ficción, a pesar de ocuparse de un escritor tan raro como Silverio Lanza, ilustre exiliado getafeño antes de que Getafe fuera la capital del sur, así que debería ser conocido como Ramón de Getafe, a la manera de Parménides de Elea o Jenófanes de Colofón.
Ahora sospecho que la mención de ese escritor que citaba a sus amigos puede estar en una obra del propio Valle Inclán. Tal vez sea Alejandro Sawa, o quizá otro menos conocido. Si alguien lo recuerda, puede ponerlo en los comentarios.